Desde que el mundo es el hogar de nuestra especie, la lucha por el poder a estado adosada a nuestra naturaleza.
Se dice que somos un ser social, que vivimos en comunidad. Donde la palabra COMUNIDAD denotaría comunión y armonía, compartir cosas en común. Pero a años luz de nuestro origen y del significado de la hermandad, el hombre como ser social se ha pisoteado a si mismo.
Si se trata de compartir creo que hemos involucionado y nos falta aprender demasiado de lo que significa convivir, tolerar y aceptar la diversidad.
Mientras el hombre se siga sacando los ojos por delimitar espacios, por marcar líneas y fronteras, mientras la propiedad privada valga mas que los derechos humanos y mientras que lo “mio” valga mas que lo “nuestro” no habrá evolución posible para el hombre.
LA HISTORIA DE JUAN
(Con el fin de preservar la identidad de Juan, hemos modificado su nombre como así también decidimos dejar de publicar las fotos de él y su familia. Era su voluntad hacer pública su historia, estamos cumpliendo con su deseo, pero tomando los recaudos necesarios para no afectar su seguridad.)
Viajando una tarde en colectivo con idea de visitar una cascada de Tafí del Valle, conocimos a Juan.
Él vive en el cerro, camino a la cascada y fue en la caminata hacia su casa que conocimos su historia. A decir verdad, nunca llegamos a la cascada, el sendero vagamente marcado nos desorientó y nos perdimos en la montaña. Volvimos cansados y sin cascada pero sabiendo que al otro día Juan nos esperaba nuevamente en su casa para seguir charlando y conociéndonos…
Él ocupa ese espacio desde que nació, hace casi 7 décadas, igual que lo hicieron sus padres, abuelos, bisabuelos y demás antecesores. Su sangre y sus rasgos son el legado de sus raíces Diaguitas. Hace unos 40 años atrás y hace un mes nuevamente su casa fue víctima de ataques de violencia.
No podemos precisar quién lo hizo, pero gran parte de la pirca1 que rodea su terreno fue derrumbada. Esto significa que sin ella, Juan , su mujer y sus 11 hijos no pueden cultivar la tierra y vivir de ella. Sin la pirca los animales entran y destrozan los cultivos. En un acto vandálico y cobarde, por la noche y a escondidas destruyeron la línea que demarca su terreno.
Al principio nos costó entender por qué había pasado esto. ¿Quien había sido? ¿Por que razón? ¿Con que fin?
Para entender un poco el panorama y como breve reseña histórica de lo que hemos oído y visto en nuestro paso por estas tierras, podemos contar que Los valles Calchaquíes llevan su nombre en memoria de Juan Calchaquí, un cacique que heroicamente quiso unir a los pueblos Diaguitas del norte para que juntos pudieran defender sus tierras. Decimos sus tierras porque fueron los pueblos que originariamente se asentaron allí...sin títulos de propiedad, ni tramites inmobiliarios.
En la época de la colonización europea de América , la llamada Compañía de Jesús, (misioneros jesuitas) llegó con la cruz en alto para evangelizar y exterminar su cultura. Tanto inmigrantes africanos como los mismos habitantes nativos fueron utilizados como mano de obra esclava para servir a los nuevos auto proclamados dueños de la tierra que hoy pisamos. Visitamos y vimos con nuestros propios ojos, algunas de las estancias y casonas Jesuitas que hoy conforman un recorrido histórico que comienza en Córdoba. En sus recintos se mezclan restos arqueológicos de las comunidades originarias con cuadros y muebles del más refinado estilo europeo, imágenes ancestrales en vasijas y cuencos con figuras de santos predicadores.
Cuando los jesuitas tomaron demasiado poder y comenzaron a convertirse en una amenaza, fueron expulsados por los mismos reyes y virreyes de España, y nuevos herederos coparon las fincas, quintas y mansiones que coronaban los Valles. Familias de alta alcurnia, fueron los nuevos amos y señores de las tierras que hasta hacia poco tiempo atrás estaban poblados de hombres que respetaban armónicamente la naturaleza, porque no se sentían superiores si no una parte más de ella.
Adoraban y honraban a la madre tierra, La Pachamama, porque ella era la que alimentaba sus familias y protegía sus vidas. El agua, el fuego, el aire y la tierra eran representados por la rana, la serpiente, el cóndor y el ñandú, y no sabían de cristos ni vírgenes, de castidad ni pecados.
Hoy casi medio milenio después, el panorama no ha cambiado mucho. Solo el pueblo de Amaicha del Valle2 esta organizado como una Comunidad Indígena independiente que no ha podido ser disuelta por los años de ataques indiscriminados.
El resto de los pueblos que recorrimos como Tafí del Valle, están inmersos en un conflicto muy complejo. La puja de poder por las tierras es una disputa eterna entre las comunidades aborígenes que están volviendo a organizarse; los descendientes de las adineradas familias feudales que se llaman dueñas del mayor porcentaje de tierras y hacen turismo de clase en sus estancias 5 estrellas; las familias que viven allí hace décadas como la de Juan, que no pertenecen a ningún bando y los habitantes que llegan de otros puntos del país en búsqueda de nuevas posibilidades.
Todos sobrevuelan este espeso aire, como aves de rapiña cuidando su presa.
Obviamente el derecho a una vivienda digna es algo que toda persona merece, pero no creemos que sea un derecho ser dueño de una montaña, un lago o miles de hectáreas de tierra fértil.
Al día siguiente de visitar la cascada (o de no visitarla podríamos decir) fuimos a la Secretaria de Turismo para preguntar porque el sendero era tan precario. Ahí nos enteramos de que ellos no pueden intervenir ese camino ya que toda esa tierra, incluyendo el terreno de Juan es propiedad de una de las familias más pudientes de Tafí.
No hace falta contar mucho mas…quien lea estas líneas sacara sus propias conclusiones.
1 Pirca: Tapia de piedras calzadas, de poca altura, usada en el imperio incaico. Aun hoy se usan en el campo, para separar los lotes de terrenos de diferentes propietarios e impedir el paso del ganado al lote vecino.
2 Amaicha del Valle es una Comunidad Indígena del Pueblo Calchaquí que fundamenta su condición de tal invocando un documento histórico muy antiguo: la "Cédula Real de 1716". Como Comunidad Indígena, tiene sus instituciones ancestrales, tales como el Cacicazgo y el Consejo de Ancianos.
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Una de las casas-museo Jesuita en Tafí del Valle |
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Esta es la vista desde su casa |
Hoy Juan busca encontrar un responsable que se haga
cargo de los destrozos de su casa. Su deseo es volver a construir su pirca y
que la historia no se vuelva a repetir. A recorrido canales y radios, a hablado
con abogados, políticos e instituciones que trabajan por el derecho indígena
(como el INAI3) pero no obtuvo respuestas…
3-INAI: Instituto Nacional de Asuntos Indígenas
ALGO ASÍ COMO UN CORTO…
Dentro de lo complejo, de la ignorancia que nos atañe, y sabiendo que no
somos periodistas ni documentalistas, sentimos la necesidad y la
responsabilidad de hacer oír la voz de Juan, una historia entre miles. Quizás
una historia chiquita dentro de la turbulenta complejidad….pero una historia al
fin, de una familia que vive y sufre en carne propia la deficiencia humana de
no poder convivir en armonía.
Sabemos también que hemos escuchado solo una campana y a pesar de que nuestra
preocupación nos llevo a empaparnos del tema lo mas que pudimos, estando
de paso no podemos juzgar ni culpar a nadie… Hicimos este registro porque lo sentimos,
porque lo creemos necesario y quien lo vea sabrá comprender que los puntos
flojos existen y son muchos. No tenemos las herramientas ni los conociemientos suficientes, pero igual nos dimos la oportunidad de experimentar. Por eso, si bien a este este video le queda gigante la palabra "corto" nos animamos a publicarlo y a compartir parte de la búsqueda
de este viaje, que es comprender porque somos como somos…o al menos pensar que
hay mucho más detrás de la historia oficial…
ACLARACIÓN: El video que armamos no pudimos subirlo. Lo intentamos varias veces, pero las coneccciones a internet a las que estamos accediendo últimamente no están siendo lo suficientemente veloces. En cuanto podamos, vamos a completar esta entrada con el video de Juan.